Un engranaje ….

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Me llamó Renné. Tengo cincuenta y cuatro años. Desde hace veintisiete, soy la portera del número 7 de la calle Grenelle, un bonito palacete con patio y jardín interiores, dividido en ocho pisos de lujo, todos habitados y todos gigantescos… soy uno de los múltiples engranajes que hacen girar la gran ilusión universal según la cual la vida tiene un sentido que se puede descifrar fácilmente.

Mariel Barbery.

Un libro que empiece con ese nombre y esos números me llamó la atención.

Al que los números le hablan: 54 años, 27 años, 7 la calle y 8 pisos habitados. Y Renne, 19,5,14,14,5.

Pero vayamos “a ser un engranaje de la gran ilusión para que el sentido de la  vida pueda ser descifrada”.

Creo, que mientras seamos parte de un engranaje, estamos siendo parte de una máquina y una máquina no es más que un diseño de algún diseñador. Ese diseñador, por supuesto, está por encima, o es más veloz, en términos lineales, que el diseño o la máquina. El problema ocurre cuando la máquina o el diseño se creen el diseñador, se confunden, se olvidan que sólo cumplen un rol. Y se creen los dueños del rol, se creen los verdaderos creadores.

Seguimos siendo máquinas, creyendo que tenemos el sentido de la vida si cumplimos el rol dentro de la máquina del diseño, si ese engranaje hace lo que tiene que hacer, dice lo que tiene que decir. Aún esos engranajes que no funcionan muy bien, hasta esos cumplen un rol.

Pero las velocidades de los tiempos que hoy nos atraviesan, nos impregnan, están haciendo que los engranajes muestren fallas, se salgan de eje de la máquina. Y, justamente, son estas “fallas” las que nos empiezan a mostrar que “tal vez” haya algo más, que esta gran máquina no sea más que una ilusión.

Una ilusión de creer que somos algo que no somos, es decir una ilusión que se viste con el traje de identidad y nos opera en el plano de la experiencia, haciéndonos creer que tienen todas las respuestas para “darle el sentido a la vida” y no hace más que distraerme de quien verdaderamente está emitiendo mi existencia.

No es ni fácil, ni cómodo ni divertido cuando el engranaje deja de funcionar “bien”. Bien, para quién? Para mi identidad será un dolor de cabeza, una pieza fallada que no encaja. Y así me sentiré, que no encajo. Pero, al mismo tiempo estaré accediendo a algo mucho más expansivo y grande.

Hasta Pronto

Dolores


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